Cuántas veces ha ocurrido que el personaje supera a la persona y termina por opacarlo. Seguramente muchas. Esto sucede en el caso de los famosos pistoleros y ladrones Butch Cassidy y Sundance Kid. En 1968, Paul Newman y Robert Redford compusieron dos excelentes papeles para representar la vida de estos dos famosos delincuentes estadounidenses. Sumergidos en la leyenda, poco se sabe con exactitud de estos dos pillos, aunque la historia oficial sea, a la postre, la que brindó la película. Butch Cassidy se llamaba Robert Leroy Parker y era hijo de mormones. Sundance Kid tenía como nombre real Henry Longabaugh y sus padres eran inmigrantes suecos. Unidos por el destino del crimen, se asociaron para planear y ejecutar robos y estafas en varios estados norteamericanos. Sus atracos a los trenes eran continuos, lo que elevó el precio de sus cabezas a cifras jamás alcanzadas por otros delincuentes buscados anteriormente. Al ver que sus días estaban contados en los Estados Unidos, decidieron salir del país para seguir ganándose el pan de cada día a su manera. Aquí comienza la parte más borrosa de la historia. Algunos afirman que llegaron a la Argentina, allá por 1905, y que, asentados en la Patagonia, asaltaron un banco inglés en Río Gallegos. Más tarde, secuestraron a un estanciero que habría logrado huir y delatar a los malhechores, que fueron atrapados y abatidos por la policía en diciembre de 1911. Otra versión, dada por la hermana de Buth Cassidy, señala que éste habría muerto en su país, en 1937. Finalmente, está el final de la película, que narra las aventuras de los dos bandidos en Bolivia, hasta que, en 1908, en medio de una brutal balacera, el ejército los acribilla cuando intentaban escapar, luego de un robo más.
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